“No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior”
(Steve Jobs)

 

La situaciones externas nos influyen y podemos modificar nuestra conducta si lo vemos conveniente, esto es una realidad, y además forma parte de la capacidad que tenemos los seres humanos de adaptarnos y eso es positivo. Pero, ¿Qué ocurre si habitualmente me comporto de una manera que va en contra de mi forma de ser o de pensar? ¿Es eso positivo?; es evidente que no. La cuestión es ¿Cómo puedo ser yo mismo en cualquier situación? ¿Por qué me merece la pena intentarlo?

En relación a la segunda pregunta, para mí la respuesta es clara, porque sólo tenemos una vida y es demasiado corta para desperdiciarla dejando de ser y de hacer lo que de verdad nos interesa y nos importa, dándonos la oportunidad conocer realmente el poder de ser nosotros mismos poniendo en marcha aquellos proyectos que le dan un sentido a nuestra vida.

El inicio de un nuevo curso puede ser un buen momento para ver cuántos de los propósitos que nos  hicimos a de principios de año hemos sido capaces de llevar a cabo.  Tenemos la suficiente información como para valorar si  estamos haciendo las cosas que de verdad nos importan y nos apetecen, aquello que nos conecta con nuestra esencia y nos hacer ser auténtic@s.

Una de las preguntas que os planteo es: ¿Estoy siendo yo mism@ independientemente de la situación? Si la respuesta es que sí, te doy la enhorabuena. En el caso de que  la respuesta sea: “No habitualmente”, te animo a que hagas la reflexión con estas cuestiones:

1. ¿En qué circunstancias me cuesta más trabajo ser yo mism@? ¿por qué?

2. ¿Por norma general, dejo de hacer o decir algo por temor a la opinión de los demás?

3. ¿Qué límites pienso que se han sobrepasado conmigo?

4. ¿Cómo me hacen sentir estas situaciones?

5. ¿Cómo afecta a mi vida personal y/o profesional?

Estas cuestiones son muy importantes para nuestra vida personal pero lo son también en el ámbito profesional. Independientemente de cuál sea nuestro trabajo, o el lugar que ocupemos en la empresa, hacernos estas preguntas nos va a ayudar. No importa si soy un emplead@, o un jefe/a de equipos o incluso si soy el/la Gerente de la empresa.

También puede ocurrir que caigamos en el otro extremo, es decir, intentar imponer siempre mi criterio a los demás, sobre todo si tengo algún cargo de responsabilidad puedo caer en este error con frecuencia.

En este caso me puedo hacer algunas de las siguientes preguntas:

1. ¿Pienso que he sobrepasado alguna vez los límites con otra/s persona/s?

2. ¿Me está sirviendo para lograr los resultados que espero?

3. ¿Consigo con mi actitud que mi equipo rinda al máximo y den lo mejor de sí mismos?

4. ¿Cómo creo que se pueden sentir las personas con las que trabajo?

5. ¿Cómo me siento yo en estas situaciones?

 

En ocasiones tenemos la falsa creencia de que esto nos da algún resultado, al menos a corto plazo, pero a largo plazo comprobamos que ese no es el camino. Existe bastante evidencia científica al respecto que así lo demuestra.

Desarrollar una buena Inteligencia emocional para conocernos mejor a nosotros y también a los demás, desde el  autoconocimiento y el autocontrol hasta otras habilidades como: la empatía o la asertividad, ésta última tiene que ver con la capacidad de defender tus derechos y opiniones, es decir mostrarte tal como piensas y tal como eres, estando el límite en respetar los derechos de los demás, incluso cuando no coincidan con nosotros.

En palabras de Aristóteles, “Enojarse es fácil, pero enojarse en la magnitud adecuada, con la persona adecuada en el momento adecuado, eso es de sabios”

Compartir tus emociones y sentimientos con los demás, es decir, ser más auténtico significa no tener miedo a decir tu opinión y cómo te sientes, y lejos de ser un signo de debilidad es una gran fortaleza. Las personas que muestran sus sentimientos de forma natural son más felices y logran una mayor empatía. Además abren la puerta  a otros para que hagan lo mismo generando un buen clima también en el trabajo. Y por supuesto, mejora de manera exponencial la calidad de  tu liderazgo como lo muestra Daniel Goleman en su libro Cómo ser un líder, donde habla de los diferentes estilos de liderazgo y concluye diciendo que las investigaciones neurológicas, psicológicas y organizativas muestran de forma nítida que el líder con mayor Inteligencia Emocional es capaz de prender la chispa para aumentar así el rendimiento y crear una hoguera de éxito. Hasta ese punto es importante.

Es cierto que hay muchas personas que no han aprendido bien estas habilidades, o incluso peor, se ha tratado el tema de las emociones como algo que se debe ocultar, por eso todavía me encuentro personas que me manifiestan abiertamente que ellos procuran dejar sus problemas personales “fuera” de su lugar de trabajo, como si eso fuera posible. Pero nunca es tarde para aprenderlas, no sólo éstas habilidades sino otras que también forman parte de la Inteligencia Emocional, dado que los beneficios que obtienes son realmente positivos y poderosos: Mejora tu autoestima, disminuye la ansiedad, evitamos el conflicto y aumenta tu bienestar en general, entre otros.

Pero ¿Cómo puedo conseguirlo? Hoy sabemos que si modificamos una conducta (por ejemplo, tratar de ser más asertivos) generamos nuevos circuitos cerebrales que irán creciendo con la práctica, lo que se conoce en neurociencia, como neuroplasticidad: el cerebro se reestructura en función de las experiencias que vivimos. Pero es evidente que no basta con hacerlo una vez, es cuestión de practicar y practicar. Como también decía Aristóteles: “Somos lo que hacemos cada día, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito”. No podemos cambiar de golpe, por lo que hay que ponerse pequeños objetivos y ser constantes, es decir, usar la filosofía Kaizen (mejora continua). Puedes empezar el ejercicio con alguien de confianza e ir ampliando a otras personas, hasta llegar a aquellas que te supongan un mayor desafío. Cada pequeño logro lo debemos celebrar y marcarnos cada vez retos más importantes. Si te resulta demasiado difícil siempre puedes buscar la ayuda profesional.

Somos lo que hacemos, decimos y sentimos cada día de modo que dedicar tiempo a trabajar en ti te hará sentir que tienes el PODER de elegir ser tú mismo.

Volviendo a una de las cuestiones principales: ¿Crees que merece la pena? ¿Cómo te vas a sentir siendo auténtic@?

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